reconoce sus orígenes

Revista NATURE,  OCTUBRE 1974

Algunas aclaraciones sobre el regreso de Uri Geller

La CIA y el mentalista israelí

Publicado: 2017-01-24

Por Ybrahim Luna

El nombre de Uri Geller ha vuelto a sonar en las redacciones y portales del mundo. La CIA (Agencia Central de Inteligencia) le ha devuelto la fama que muchos creían sepultada en los setenta. Y es que gracias a la última liberación de información de la Agencia, que ha puesto a disposición del público unos 900 mil archivos que suman más de 13 millones de páginas sobre hechos acontecidos en un rango de 50 años, se puede conocer el interés que tenían los servicios secretos por los temas considerados paranormales, como ovnis o percepción extrasensorial.  

Geller ya había deslizado la versión de su paso por la CIA y el Mossad, y de haber sido invitado por otros servicios secretos para probar sus capacidades. Sin embargo, hay algunos puntos que aclarar sobre las últimas revelaciones.

No queda claro si fue la CIA la que encargó las pruebas que se llevaron a cabo durante una semana en agosto de 1973 como parte de su proyecto Stargate o si solo hizo un análisis de resultados externos. Las pruebas fueron realizadas por los científicos Targ y Puthoff desde 1971 hasta 1973 y fueron publicadas en octubre de 1974 en la mundialmente famosa revista Nature.

Muchos medios creen que los dibujos que hizo Geller en dichas pruebas recién salen a la luz. Dichos dibujos no son nuevos y el mundo ya los conoció con la revista Nature, que se demoró más de un año en publicarlos hasta verificar que los resultados de Targ y Puthoff no dejaran duda alguna.

Para recordar un poco el caso…

El Instituto de Investigación de Stanford (I.I.S.), de EE.UU., con el auspicio del doctor Andrija Puharich, el capitán de astronáutica Edgar Mitchell, y los científicos Russell Targ, especialista en tecnología de láser, y Harold Puthoff, especialista en física cuántica, inició las pruebas controladas a Uri Geller en 1971, las que se extendieron periódicamente hasta 1973. Fueron una serie de pruebas llevadas a cabo en laboratorios especiales, con testigos y controladas por aparatos electrónicos. Geller, según la versión que reseña en su autobiografía, logró alterar un magnetómetro (aparato que mide la intensidad de un campo magnético) sin tocarlo y cuantas veces se lo pidieron, deformó un anillo sumergido en agua solo con concentrarse, hizo que algunos ordenadores empezaran a fallar. Geller fue aislado en una cámara de acero desde donde logró acertar los dibujos que los científicos realizaban en lugares apartados, fue internado en un “jaula Faraday” -un recinto con doble mampara de cobre- para probar sus facultades telepáticas, y Geller acertó supuestamente en todas las pruebas. Probaron su “clarividencia” al pedirle adivinar el número que daba la cara superior de un dado colocado dentro de una caja de acero, Geller acertó superando la probabilidad del uno en un millón, además movió a voluntad las manecillas del reloj del astronauta Mitchell. Hizo funcionar una calculadora inservible del científico Wernher von Braun. También se probó que Geller proyectaba su imagen en las fotos que se tomaba con cámaras fotográficas con la tapa oscura colocada. Logró torcer acero inoxidable, plata, cobre y latón. También fue capaz de distorsionar el buen funcionamiento de cintas de audio y video. Etc.

Los reveladores resultados se publicaron en la revista de prestigio mundial Nature, en octubre de 1974, afirmando que los indicios de poderes telepáticos de Geller deberían tomarse en serio y someterse a más estudios para determinar sus alcances totales: “A la comunidad científica le resultaría necesario adaptarse a la idea de algo que excede por completo a su capacidad de esclarecimiento”, acotó la revista.

Respecto a su relación con la ciencia, Geller escribió en su autobiografía: “Confío en que si a las energías se les despojara del lado místico se acabará por aceptarlas como fenómeno real. Luego, a medida que los científicos vayan profundizando más en su estudio, establecerán teorías respecto a ellas y acaso cambien las leyes físicas…”.

Otros estudios importantes fueron realizados por dos grupos de científicos. Uno, comandado por el físico John Taylor, del departamento de matemáticas del King’s College de la Universidad de Londres; y el otro, por el físico cuántico David Bohm, y el físico atómico John Hasted, del Birkbeck College.

Con el equipo Taylor, Geller dobló metales sin tocarlos, enloqueció una brújula, alteró hasta el extremo un contador Geiger, influyó en la densidad de unas micropesas, “desintegró” una malla metálica, y algunos objetos salieron volando ante la mirada atónita de los testigos. En el Birkbeck College los resultados fueron igual de sorprendentes y positivos.

Taylor publicó “Supermind”, en 1975, donde narra sus increíbles experiencias con Geller. Aunque a inicio de los ochenta, el mismo Taylor tuvo que aceptar en un nuevo libro que al menos el doblamiento de metales pudo deberse a la manipulación consciente y engañosa de hábiles sujetos en pruebas no controladas adecuadamente. Algunos ilusionistas y niños lograron engañarlo en su propio laboratorio, hecho que se comprobó gracias a videocámaras.

Otros libros que cuentan los supuestos logros de Geller son “The Geller Phenomenon” 1975, del filósofo Colin Wilson. Russell Targ y Harold Puthoff hicieron lo suyo con “Mind-Reach” en 1977, o “The Metal-Benders” (Los dobladores de Metales) de 1981, del físico John Hasted. La bibliografía al respecto es extensa.

Ante esto solo quedan tres posibilidades. a) Geller realmente posee poderes paranormales, b) varios científicos se confabularon para engañar al mundo, o c) estamos hablando del ilusionista más sagaz de la historia de la humanidad.


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