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La ortografía también es parte del carnaval cajamarquino

El amigo twittero cajamarquino @PPPool nos hace notar que en la página oficial del carnaval de Cajamarca: www.carnavaldecajamarca.com hay algunitos errores ortográficos. A los amigos de la web, para la próxima una chequeadita previa, ¿no?

Los últimos jugadores en las Pampas de Argentina, en Cajamarca

Ni tan pampas ni tan argentinas

Por Alan Luna

Una de las características principales del “júlbol” peruano es la informalidad. Y es obvio que el deporte cajamarquino no escapa a dicha constante. Característica que, sin embargo, no detalla en toda su dimensión la naturaleza del desfogue dominical de decenas de peloteros de toda laya.


El hombre común y corriente no puede quedar frustrado y relegado a mirar por TV el deporte de sus amores. Con el que creció y con el que, de hecho, envejecerá. No puede quedar como un sediento espectador - aunque haría bien ese favor - y terminar la semana con el estrés de haber trabajado duro o de no haber hecho nada. Entonces, el deportista cajamarquino pone en práctica un rito que no ha cambiado mucho desde la época de las cavernas: un consejo gregario.


Amanece en fin de semana, y el hombre tiene listos todos sus implementos deportivos en un lugar estratégico: cualquier rincón. No importa que estos implementos estén percudidos, parchados, reparchados, hagan combinación de dos marcas, sean prestados, rediseñados con tijera, radiactivamente fosforescentes, lujosamente anticuados, o incluso nuevos. No importa. Todos juegan.


Luego de la implementación guerrera, el hombre se comunica con su tribu, ya sea por señales de humo, silbidos o mensajes de texto. Entonces, y a medida que se baja por la ciudad, el grupo va creciendo en variedad: altos, bajos, gordos y flacos; y todo queda listo, o casi listo, a la entrada del más grande complejo recreativo natural y gratuito de la ciudad, Las pampas de Argentina. Claro que en lo de disciplinas deportivas solo tiene de pampas y nada de argentinas.


“¿Apuesta? Un sol nomá pe, pa que quede pa la revancha. ¿Partido partido? Ya, listo”. Pero ese no es el precio unitario del sudor. Los más tigres -y tíos- se la juegan a dos soles y arman la tría y la cuadra. Aunque también se ha oído rumores -aclarando que son solo rumores- que las apuestas han ascendido a las impares y kamikazes cifras de tres y cinco soles. Vaya usted a saber.


El progreso, que no es lo mismo que “buen gusto”, se impone sobre los arrabales. En este caso, tierra, pencas y hierba. Y los espacios se van reduciendo domingo a domingo (nota: por supuesto que hay gente que juega los sábados). Todo suma en aislar a los últimos jugadores de la nueva década del 2000, en espacios cada vez menores. El agua, el barro, las construcciones, los fierros, las fosas, los montículos, las cercas, etc., todo contribuye.

El nuevo proyecto que sofisticará las viejas pampas, y que incluye -según lo previsto- canchas sintéticas, aún tiene para largo. Mientras tanto, un raza que practica el atletismo disfuncional de reventarse las canillas por la gloria de una victoria comunitaria, se pisa los pies por ganarse –tempranito- un pedazo de territorio plano, cada vez menos posible.





Flores para el inicio y el final (Cementerio de Cajamarca)

Por Alan Luna

Dice una leyenda urbana que si le regalas flores de cementerio a una mujer, inevitablemente le irá mal. La misma leyenda dice que el aroma de las flores alimenta el olfato relativo de los muertos. Lo que no dice es que las flores que se venden en las afueras del cementerio están más baratas que en cualquier florería del centro de la ciudad.

La muerte es un negocio, se sabe, o mejor dicho toda su parafernalia. Y los que cubren ese “nicho” comercial y esa estética del duelo son productores indiferentes a la superstición: desde las señoras que humedecen con spray sus atados de flores hasta los albañiles que construyen pabellones para el reposo horizontal.

Según el inventario, un cementerio amplio y pobre. Una división entre mausoleos y cruces clavadas sobre montículos de tierra. Un santo popular fusilado durante el gobierno militar de Velasco. Coronas y algunos huesos secándose entre las lápidas. Velas inclinadas. Lagartijas al sol. Y mucho silencio.





Cantante folclórico cajamarquino, Martín Vera Paredes habría matado a su esposa

Esta desconcertante noticia llega vía la web del diario Ojo:

El cantante vernacular y violinista cajamarquino Martín Vera Paredes (34), fue detenido en su ciudad natal tras matar a su conviviente con dos balazos, tras sostener una discusión.
La víctima fue identificada como María Aliaga Rojas, quien llegó herida al Hospital Regional de Cajamarca, donde murió horas más tarde producto de los dos balazos.

Se informó que el artista apodado “Chicha en Cacho” y “El consentido de San Marcos”, acudió a una peña con su pareja y que al retornar al hogar, sostuvieron una pelea.

Vera Paredes permanece detenido en espera del inicio de las investigaciones“.

Para los que no saben quién es Martín Vera Paredes, aquí.

Nota: como siempre los portales cajamarquinos son los último en actualizarce.

Mi mejor concierto 01: Oasis en Lima - Perú 2009 (Crónica)

La cultura pop de los noventa tuvo en la banda Oasis a una de sus expresiones más fieles respecto a la noción de lo cool -y radical- en una sociedad hambrienta de “novedad clásica”. Rock and roll reinventado, punta de lanza para la revolución de la generación X, la generación del desfiladero y el videogame. Todo eso y un efemérico MTV. Y doblemente en una Latinoamérica con su pesimismo recién pintado y su alienación de siempre. Esa Latinoamérica a donde los riff de los Gallagher llegaban a través de las radios más selectivas, entiéndase dirigidas a los sectores AB, e incluso al nunca bien atendido A+. Este hemisferio sur que nunca llegó a ser beat, pero que tuvo su cuota ajena. Del walkman al discman y al reproductor mp3. De la genialidad de componer himnos urbanos al escándalo mediático. De la pluma de Noel al cuchillo de Liam. En suma, del Dr. Jeckyll a Mr. Hyde. Un Caín y Abel para el papel couché. Oasis: ¿herederos reencarnación de los Beatles o bravucones talentosos? La reedición del vinilo lo dirá. Mientras tanto, ya han sido considerados en su época como la mejor banda del planeta. Y ahora se los podrá ver en una de sus presentaciones en vivo, con la roja y oportuna cereza de traer como baterista a Zak Starkey, el talentoso hijo de Ringo Star. ¿Qué? ¿Que no vendrá? ¿Que ya se separó de la banda hace años? ¿Que no quería ser una estrella sin vida familiar? Igual. Oasis es Oasis. “A un mes de su presentación en Lima ya se han vendido más de veinte mil entradas” -dice un blog. Una banda de verdad, de cuero y metal. Más de treinta mil fanáticos asegurados, 10 toneladas de equipos, cuatro pantallas gigantes y un exuberante show de luces. Sétimo disco en cartelera, “Dig Out Your Soul”. Bueno, Lima es el lugar.

El plan: llegar al concierto. La ruta: Cajamarca-Trujillo, Trujillo-Lima y viceversa. El tratamiento: seudo periodístico. El objetivo: un cajamarquino en Oasis (de hecho, habrán muchos; pero muchos no).

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Trujillo. Primer tramo cumplido. Nueve horas de viaje. Riñones calcificados. Columna con collarín. Ausencia de alma, por lo menos en el aliento. Despeinados. Resecos. Novedades hasta nuevo aviso.

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Lima. Ocho horas y media de viaje. Sol amable. Alguien nos espera en el terminal de una empresa de transportes. El taxi cruza el Nacional. Aún no hay cola. ¿Pernoctar? Quizá en otra década. Día despejado.

La gente sugieren desayunar gallina: caldo de gallina. Un mercado en la Av. Cuba, un plato hondo de cuatro soles cincuenta, y sale con presa. Si desean con té. ¿Un guisado de chancho? Nada, nada. Algunos llevan mascarilla. Otros estornudan y son mirados con sospecha. Dos ancianos llevan bozal mientras compran en una bodega. Las calles están bien cuidadas. Para descansar, un departamento en Jesús María, en el sétimo piso. La vista es generosa. Los hermanos Gallagher ya están en Lima. Unos quinientos fanáticos fueron a recibirlos al aeropuerto superando el temor por el supuesto primer caso confirmado de gripe porcina (caso que luego fue descartado). Liam levantó las manos fugazmente. Suficiente para los sufridos fans. Luego hubo prueba de sonido a la que solo algunos afortunados pudieron acceder. Ya casi no quedan entradas en Teleticket. Las últimas van para la tribuna. Algunos hablan de treinta mil asegurados, otros de treinta y cinco mil. Las verdaderas estadísticas se confirmarán al día siguiente.


¡Más de 40 mil asistentes! Se sabía. ¡43 mil para ser exactos! Y qué dijo Noel en el Myspace de la banda: “Tocamos anoche en el Estadio Nacional de fútbol. ¡48 mil entradas vendidas! Escandaloso. Increíble concierto. Verdadero salto (pogo)”.

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EL DÍA

Cuatro de la tarde y es buena hora para hacer cola, para empezar a hacer fila detrás de una fila ya enorme. “Supersonic” es el lugar. Puerta 9, señor. Por allá. ¿Aquí? No. La de allá, la grandota. Ok. La gente está inquieta. Llevan horas esperando. Alguien se “cola”. Vienen los de polo rojo, los de seguridad. el tipo desaparece y va a ofrecer cola más adelante. El piso está lleno de latas de cerveza, botellas plásticas y volantes. ¡Polos de Oasis a 15 soles! ¡Compro entradas! ¡Tengo cancha y Tribuna! ¡Llaveros a dos por cinco¡ La cola se mueve. ¡Gloria! Y se mueve rápido. Entradas a la mano, por favor. Revisión. Alza las manos. ¿Y esta cámara fotográfica? Si todos han pasado con su cámara. Pasa, nomás.

El Estadio Nacional no es el monstruo que pinta la televisión. Es grande, pero ahí nomás. Es más bien acogedor, cálido, encarador. Y tiene que abrir todas sus puertas para ubicar al público del concierto en las zonas señaladas. Los sectores llevan el nombre de las canciones más emblemáticas de la banda, y obviamente se distancian por el precio. ¿Descuento? Claro, si compraste con tarjeta. “Wonderwall”, “Supersonic”, “Live Forever”, “Morning Glory”, “Roll With It”, etc., así hasta la Tribuna. Todo copado: Oriente, Occidente y Norte. Y en Sur, un impresionante escenario, algo descubierto, pero surrealista al fin y al cabo. Una intrincada armazón metálica que sostiene columnas y luces por todas partes. Los operadores siguen conectando cables y ajustando todo lo que se pueda ajustar. Ya es hora. Vamos. One, two, three. Y en las enormes pantallas se pasan comerciales de las marcas auspiciadoras. Tres veces. Pifias. Ahora sí. Y…entran los Turbopótamos, la banda limeña. Calentar un poquito mientras se revisan los celulares.


Nueve de la noche. Silent. Las luces giran. Saltan. Cambian de color. Los técnicos de Oasis prueban los instrumentos. Todo perfecto. Gritos. La poderosa consola truena. Suelta de un escupitajo, a la vez que las luces enloquecen, “Fuckin’ in the bushes”, instrumental comentado que a la sazón, y en inglés, diría -más o menos-: Armamos este festival para ustedes, bastardos, con mucho amor. Trabajamos durante un año para ustedes, cerdos. (…) Me encanta. Hay lugar para todos aquí. Todos son bienvenidos. En efecto los amo”. Y Liam abre camino para los Oasis en el escenario. Noel avanza. La gente aprieta y grita. Celulares y cámaras en ristre. Manos arriba. Han llegado. Saludan, y de frente a los instrumentos. Tac, tac, tac y “Rock “n” Roll Star”, que más que una canción es una declaratoria de principios. Somos estrellas de rock and roll y seremos eternos. Liam adopta su tradicional postura de cuervo encorvado frente al micrófono. Cuervo con traje largo hasta las rodillas y pelo corto. Noel con su casaca de siempre y con la guitarra más colorida. No me importa tu vida. Salten. Fuck…Salten y contengan el aliento lo más que puedan. Es básicamente eso, rock and roll. Salten que los de atrás quieren llegar adelante. Luces anaranjadas. Es solo rock and roll. Es solo rock and roll. El último rasguito, y la batería cierra la primera canción. En la guitarra, Gem Archer. En el bajo, Andy Bell. Una melenuda reencarnación de G. Harrison en los teclados. ¿Y quién es el tipo de la batería?

El sonido que emiten los amplificadores es impecable. Sigue “Lyla”.


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Se sucederán así clásicos como “The Masterplan”, “Wonderwall”, “Supersonic”, “Champagne Supernova”, etc., con estrenos del nuevo material. No hay respiro. Piedad. Exhalación. El público salta y suda sobre sus horas de espera. Esas endemoniadas pantorrillas se vuelven resortes. Letras de hipnótica sencillez. Tipos de la calle que buscaban salir de la rutina de su Manchester natal, o con el fútbol, o con la música. La mayoría entiende el pulso. Se desgarra la garganta de un tipo que entona perfecto el inglés. Una rubia en los hombros de su enamorado esquiva las latas de cerveza que le llueven de atrás. Bájate.


Noel dice algunas cosas en español. “Muchas gracias, Lima”. La gente grita. Aúlla. Noel agradece en inglés. La gente responde. Noel se despeja y señala con el dedo:“This is the best city in years”. Ya no importaba que Noel haya perdido otra vez el celular en el aeropuerto y que le hayan dado una mascarilla para la gripe porcina ya que el celular se lo devolvió una atractiva azafata y la mascarilla lo hacía ver como un malo de James Bond -palabras de Noel-. Cool. No importaba porque parecía estar realmente satisfecho. Liam comenta algo -condimentado con fucking(s) a discreción-. Lenguaje poético para los que ESTÁN en el hombro de los gigantes y escupen en los rendidos estadios de fútbol. Liam aplaude a las tribunas. Se dirige a la gente de los costados y a los del fondo. Saludos a la distancia. Liam se corona con la pandereta y desaparece por un momento. Noel toma el escenario con serenidad y suelta una versión más acústica de “Don’t look back in anger”; quizá el momento más emotivo y más conectado de todos. Lima tuvo su Woodstock por un par de horas.


Y para terminar la tormenta, un cóver de los Beatles, “I am the Walrus”, la canción más indescifrable del Morsa de John Lennon, con las imágenes psicodélicas de las pantallas inteligentes. Y Liam baja –salta- al público, escoltado por la gente de seguridad. “Live Forever” reclama la gente. Liam estira la mano. Algunos fans lo tocan. Otros se quedan con la mano estirada para siempre a unos centímetros de la energía. Noel regresa brevemente para aplaudir a la marea. Thank you very much.


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Al día siguiente, la banda no pudo abandonar el país debido a una densa neblina. “Neblina caliente”, como la bautizó Noel. (**)

Ya desde Chile, Bell y Archer reconocieron el concierto de Lima fue el mejor que han hecho en lo que va de la gira, y que junto con el de Buenos Aires serán difíciles de superar.

ACTUALIZACIÓN (28 de agosto - 2009): Noel, desde la página web del grupo: “Con tristeza y gran pesar les digo que dejé Oasis esta noche. La gente escribirá y dirá lo que quiera, pero simplemente no podía seguir trabajando un día más con Liam. Mis disculpas a toda las personas que compraron entradas para los shows en París, Constanza y Milán”,

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(*) Debemos reconocer, sin embargo, que Lima no fue la ciudad de CO2 encapotado, humedad y sensación térmica insoportable como esperábamos. Como sí lo fue la vez en que cubrimos orto concierto, el de Fito Páez.

(**) La noche siguiente al concierto, cruzando el distrito de Miraflores, rumbo a una entrevista, pudimos comprobar la espesa neblina que transformó a la capital en una Londres sudamericana.

Agradecimientos especiales a Omar Luna

El libro de Vladimiro a la altura, en Cajamarca

En la sucursal de la librería “Crisol”, en el aeropuerto en Cajamarca, se puede apreciar en stand el libro de Vladimiro Montesinos, “Ídolos de barro”.

Alguien tuvo el buen gusto de colocarlo al lado del de Luis Jaime Cisneros, “Aula abierta”.

Al preguntar cuál era la editorial que distribuye el libro del Doc, el amigo a cargo no pudo dar razón, ni siquiera consultando internet.

No digo que esté mal. Tiene todo el derecho. Pero no lo pongan junto al maestro Cisneros.

HUAMBOCANCHA - Cajamarca, cuando el hombre domina la piedra

Huambocancha En la localidad de Huambocancha Alta, a 8.5 Km. de la ciudad de Cajamarca, en ambas orillas de la carretera, habitantes-artesanos dan vida a la piedra. Familias completas se dedican al arte de esculpir formas bajo el cielo raso, entre el polvo que liberan los esmeriles y los mini cinceles con que trabajan la materia.

Y los artesanos que hunden la mirada en sus proyectos no cabecean de cansancio; sino, de atención. Proponiendo una idea y acercándose con detenimiento a cada detalle. Por eso se dirá que trabajan como obreros –claro, a primera vista-, pero, también, –y este es el punto relevante- como arquitectos y artistas.

De las manos a veces rudas del picapedrero surgen perspectivas y curvas exactas. Una mano femenina cubierta por una breve enredadera de capullos cónicos, que servirá de portalapiceros, toma forma entre los dedos y las herramientas de simples fabricación de Alfredo Terán, artesano de cuarenta y siete años que integra una de las familias más conocidas de Huambocancha Alta.

La familia Terán es una marca registrada. Un tramo de camino regido por tradiciones y lazos de consanguinidad. Ellos están asociados con sus vecinos -lleven o no el apellido-. Al preguntárseles si desearían asociarse de una manera más integral muestran un interés sincero. “De esa forma conseguiríamos más trabajo y se cumpliría con los pedidos a tiempo. Por supuesto”. ¿Pero todos están de acuerdo? ¿O hay quienes prefieren trabajar independientemente? “Hay de todo. Pero la mayoría prefiere trabajar como asociación. Y a los que prefieren trabajar por su cuenta se los respeta igual.”

Emiterio Flores, vecino de los Terán, hace ruido con el esmeril mientras se protege la cara con una máscara especial. Polvo blanco, mezclado con agua -polvo acuoso que se fija en la ropa- salta algunos metros alrededor, cubriendo de paso el mandil del artesano. Emiterio dirige una línea en medio de la piedra con una precisión mecánica. El ruido mismo parece romper la roca. Esto será un bloque, probablemente para una pileta. Con la piedra más barata, que viene a ser la de cantería, se fabrican conductos de agua, por ejemplo; y con las más caras, como la marmolina y el granito, se elaboran desde objetos-detalle hasta fachadas y pilares. ¿El ruido y el polvo no le hacen daño? “No. Uno se acostumbra”. ¿Usted es dueño de esto? “No. Nosotros –mirando a un compañero- somos solo trabajadores. Obreros. Contratados”. ¿Cuánto puede costar un conducto de agua pequeño? “Unos cien soles” ¿Y uno grande de granito? “Ahí, hasta…unos mil cuatrocientos soles.” ¿Cuántas familias cree que se dediquen a este oficio? “Acá, en el kilómetro 8, por lo menos unas veinte familias”. ¿De dónde traen la piedra? “De Yanacancha”. ¿Estaría de acuerdo con una entidad que los asocie a todos? “Claro, porque no. De hecho sí estamos asociados ya. Sí existe una asociación”.

La piedra es una material noble. Así como lo escucha. Tan noble que la variedad nos permite escoger. De acuerdo a su maleabilidad y resistencia tenemos, por ejemplo, granito, cantería, piedra laja, piedra azul, marmolina, mármol, cuarzo, traquita, alaymosca, etc. Y todo se trabaja de acuerdo a pedidos. Desde carritos o llaveros de un sol hasta esculturas y piletas de diez mil o quince mil soles.

Regresamos con Alfredo Terán y lo hallamos trabajando con su hijo, en un taller al aire libre, ambientado por un radio de música cristiana. Ambos heredaron el oficio por mano paterna. El horario de trabajo puede variar, tomando en cuenta que uno es su propio jefe, pero normalmente las labores empiezan a las ocho de la mañana y se extienden, después del almuerzo, hasta las cinco o cinco y media de la tarde. Alfredo se dedica a la piedra desde los doce años. Es su sustento básico, aunque a parte se dedique la soldadura y agricultura. Alfredo ha obtenido certificados y diplomas en dibujo técnico en la universidad y en el Zepita. Parte de su trabajo ha quedado registrado en la fachada y en los pilares del Centro de Convenciones Ollanta. Bien pudo ser arquitecto convalidando todos los cursos, o artista profesional por su impecable memoria fotográfica. Le basta mirar a una persona para traducirla en piedra. ¿Qué se necesita para tener su talento con la piedra? “Hay que tener interés y delicadeza para esto”. ¿Cuáles son los motivos más pedidos? “Las esculturas de campesinos”. ¿Llegan turistas? “Claro. Muchos turistas. Vienen todos los días”. ¿Y esto le alcanza para mantener a su familia? “Sí”. ¿Su esposa también participa? “También”. ¿Está de acuerdo en asociarse? “Por supuesto. A pesar de que a veces hay algunos líos. Estaría muy bien eso de asociarse”.

Casas más allá -y más arriba-, encontramos a Norma Terán, mujer de media edad que también se dedica a la artesanía en piedra: a la venta y elaboración. Nos muestra pequeños trabajos en cuarzo y rnarmolina. Nos dice que para que obtengan esos colores peculiares se utiliza barniz transparente; y, seguido, nos muestra las herramientas con las que trabaja. Toda la gente de la zona es amable, y no es retórica, sino una constatación. Huambocancha es uno de los pocos lugares en donde aún se puede encontrar casas con las puertas abiertas y el silencio necesario para disipar el estrés.

Y avanzando un poco más, ubicamos a Rodolfo Terán, presidente de la asociación de artesanos de Huambocancha Alta, trabajando con cincel y martillo una lápida a pedido. Y es que no todo es decorativo. Los trabajos van también por lo utilitario: conductos de agua, bancas, gradas, molinos, batanes, pisos, etc. Rodolfo tiene un punto de vista más crítico respecto al papel que las autoridades asumen frente los artesanos. ¿Qué se necesita? “Uno o dos camiones para trasladar el material”. ¿Quiénes los representan? “Personas ajenas que se han adueñado del nombre” ¿Cuál, sería, entonces, la prioridad? “Qué hablen de frente con nosotros, los productores. No con gente que no nos representa”. Rodolfo nos cuenta que en Huambocancha están asociados desde 1985. Que también hay productores en Porcón, en Aylambo, en Llushcapampa, en Santa Apolonia, etc. Que los trabajos de la localidad se han exportado al extranjero, a países como EE.UU., Francia, España, Argentina. Y que los trabajos más grandes y más elaborados pueden llegar a costar hasta unos treinta, cuarenta, o cincuenta mil soles.

La piedra fue el pasado, y ahora el futuro.

El centenario de Ciro Alegría pasó desapercibido

Por Ybrahim Luna

A cien años del natalicio de Ciro Alegría, el escritor Jorge Díaz Herrera habla sobre su relación con el hombre que marcó un hito en la visión indígena de la narrativa latinoamericana con obras como Los perros hambrientos, La serpiente de oro y El mundo es ancho y ajeno. Esta charla se realizó durante el VI Encuentro de Narradores Peruanos, realizado en Cajamarca.


Basados en el clima social y político… ¿En el 2009, alguien podría volver a escribir El mundo es ancho y ajeno?

Creo que las obras ya no se repiten. Pero hay un dicho: “cuando los pueblos olvidan su pasado vuelven a repetir sus errores”. Digamos que por ahora en el Perú ya no se suceden los tradicionales golpes de Estado y aparentemente ya no se persigue a nadie por sus ideas. En cambio, Ciro Alegría fue perseguido, fue apresado, se cuenta que incluso fue fusilado con balas de fogueo para amedrentarlo. Ciro Alegría pasó más de veinte años en el exilio entre Chile, México, EE.UU., Cuba, y las grandes obras que escribió las escribió en el extranjero, allí ganó concursos. Creo que el mundo si ha cambiado en ciertas cosas porque es inevitable, pero han permanecido ciertas lacras como el que algunos medios de comunicación sirvan para difundir el disparate. La cosa valiosa, la cultura en general no tiene espacio. El rating es una cosa mercantilista que domina a los medios de comunicación. Por ejemplo, los periódicos tendrían que haber sacado un suplemento sobre Ciro, ¿quién lo ha hecho?

¿Esa voracidad por lo mediático también está presente en los escritores?
Hay de todo. Hay escritores que hacen de lo mediático su tema porque eso les da un poco de cabida. El show siempre atrae más que el recital. Conozco poco a los escritores jóvenes, pero sí sé de algunos que están en la onda que me gusta. Yo hace tiempo que abandoné la preocupación por la fábula, por el suceso exterior. Yo creo que la fábula latinoamericana ya está contada hasta de más en todos sus extremos. Desde García Márquez hasta Vargas Llosa. Ahora lo que se tiene que contar es la reflexión latinoamericana…

Habla de realismo sobre ficción?
No. Yo hablo de la reflexión, o sea el mundo interior de Latinoamérica. Considerar que la acción no solamente son los hechos exteriores, sino también los cambios de situaciones interiores. Por ejemplo, acabo de leer una novela del francés Clézio en la que no suceden sino tres o cuatro cosas en una historia  muy extensa, pero la maravilla está en cómo la cuenta, cargada de poesía, de mensajes humanísimos, no necesita llenarse de hechos anecdóticos, pintorescos.

¿Cuánto lo ha influenciado Ciro Alegría?
Yo no escribo con el estilo de Ciro. Sin embargo he reflexionado mucho con sus novelas y con su amistad. He sido amigo de Ciro. Era muy jovencito, pero sus palabras me han quedado para siempre. Era un hombre muy generoso. Ahora a los escritores se les suben los humos muy rápido. Siempre he contado esa anécdota en que Ciro, viéndome sufrir con los artículos periodísticos, me dio un consejo maravilloso: “el día en que tú sepas cuando escribes para ganarte la vida y cuando escribes para ganarte la gloria serás un buen periodista y un buen escritor sin sufrir tanto”.

¿El mundo sigue siendo ancho y ajeno?
Yo acompañé a Ciro Alegría cuando fundaron la universidad de Ica. Yo era miembro de la Federación de Estudiantes del Perú, y el discursó inaugural lo iba a dar Ciro Alegría. Ya empezaba la ceremonia y Ciro no aparecía. Ciro estaba un poco distraído conociendo algunas calles iqueñas. Luego los alumnos lo trajeron. Ciro subió al podio y dirigiéndose a los jóvenes dio un discurso que me lo sé de memoria. Un discurso muy locuaz y lacónico: “Jóvenes, el mundo seguirá siendo ancho, pero con ustedes ya no seguirá siendo ajeno”. Y ese fue todo el discurso.

Siempre se ha hecho una dualidad en el debate sobre la narrativa contemporánea, y ha sido Arguedas – Vargas Llosa. ¿Dónde quedó Ciro?
Simplemente han sociologizado mucho la literatura los críticos peruanos. Entonces más que obras de ficción, obras de arte, quieren ver documentos históricos, sociológicos. Y eso me parece que no debe ser. Últimamente se juzga en los concursos más que por el estilo por los temas. He sido jurado varios años y he tenido muchos debates por ello. La literatura conduce a diversos caminos, pero es simplemente arte.

Usted ha dicho durante su conferencia sobre Ciro que uno escritor debe ser responsable por sus personajes. ¿Alguno se le ha escapado de las manos?
Puede ser. Pero yo soy muy riguroso con mis personajes. A mí me guía un afán con ellos, y es el ser justo, el no maltratarlos, el excusarlos, el darles el destino que ellos se ganan. Dostoievski decía que a veces se sentía acorralado, en las noches de insomnio, por sus personajes que le pedían que les cambie el destino. Y él decía: “Yo, su creador, no puedo hacerlo”. A veces lamentamos crear personajes tan desventurados, pero ya no se puede hacer nada una vez creados.

¿Quedó superado el desencuentro “criollos” – “andinos”?
Es una discusión tan absurda en un mundo globalizado, integrado y mestizo como el nuestro. Porque aun en la costa el Perú es andino. El mar es andino. Es tan desfasado el tema que me parece banal. Es como cuando los místicos se reunían a discutir cuantos ángeles podían entrar en una cabeza de alfiler.

¿Y cómo entonces el papel de la crítica literaria?
No existe. Hay muchos reportajes pero muy pocas críticas. Ahora, Ricardo González Vigil es un buen crítico, es un buen estudioso, pero no se da abasto para todo. Tampoco le dan el espacio que le daban antes.

Dice que ahora ya no escribe para cambiar el mundo sino para calmar sus nervios…
El mundo para mí se ha vuelto tan convulso, tan turbulento, que me siento en calma cuando me enredo con mis personajes, cuando converso con ellos.

Taller: “Cómo crear cortinas de humo”, para principiantes

El material está al alcance de todos. La materia prima es la realidad misma. La realidad misma es una cortina de humo. Lo único que el aprendiz de periodista necesita es un olfato pirotécnico o post pirotécnico, nada más.

¿Qué es una cortina de humo? Es eso mismo: una cortina de humo. Recuérdese, por ejemplo, el truco que los ninjas acorralados utilizaban en las películas para escapar de sus enemigos. Por supuesto, era una cortina de humo -a veces de colores- que emanaba en ebullición de una diminuta bolsita sujeta al cinturón del guerrero japonés.

OK. Pasemos a la realidad.

La cortina de humo -a la peruana- puede ampararse en una absoluta mentira, en una verdad a medias o en una verdad a sobredimensionar. Todo vale. La idea es distraer la atención de esos otros asuntos que sí importan. Esto no quiere decir que el hecho, fuente de la cortina de humo, no sea importante. Pero lo es en menor medida que lo que sí es trascendente para una nación.

Ojo: no hay cortina de humo pequeña sino mal preparada.

Advertidos, iniciemos.

Veamos algunos ejemplos de lo que el aprendiz de periodista puede poner en práctica.

1.-Navajas, agujas, imperdibles o tachuelas oxidadas te pueden llenar media semana de noticias. Poner dichos puntiagudos implementos dentro de un pan tibiecito es el escándalo perfecto para comentar durante el resto del día. Entrevistar a la ofendida (cómplice) ama de casa que casi pierde el labio, organizar una redada a la panadería del terror -tomando en cuenta que pocas panaderías de barrio cumplen con las debidas reglas sanitarias- y abrir el segmento del noticiero a las 7 a.m. con una microondas desde la comisaría del distrito con el metálico cuerpo del delito envuelto en una servilleta, harán el resto del trabajo. Ya tiene su primer elemento distractor: indignación.

2.-Urgente. Se revela una innegable vinculación entre un ministro y un chuponeador de la peor calaña. No se agite. Aquí la solución.

Una vedette, por supuesto. ¿Que qué tiene de interés público? Mucho, si usted sabe manejar la idea. Una vedette es el kamikaze perfecto para cualquier misión que requiera de un escándalo con páginas rosas en cualquier kiosco del país. ¿Cuál escándalo? Por ejemplo, que inició en los ejercicios amatorios al mismísimo nieto de González Prada, Ricardo Palma o de Hipólito Unanue. No importa el personaje, lo que importa es que suene a escándalo sexual. Una foto de la generosa vedette posando sus redundancias junto al busto del personaje elegido será un golazo para los diarios chichas. Y nada mejor si llega la policía y la detiene por alterar el orden público. La tele enloquecerá. Un éxito para un par de semanas.

Aparecerá un segundo elemento distractor: el morbo.

3.-Y la obra maestra de las cortinas de humo: los asesinos, reales o inventados.

Apodos como el de “el monstruo de los cerros” funcionaron bien para los 90. Pero ya es tiempo de innovar. Qué tal “el monstruo del Chat” o “el monstruo del Twitter”, o para ser más populosos “el monstruo del Hi5”. Queda.

No importa que no haya víctimas. Los condicionales “sería” y “habría” acudirán en su ayuda. El monstruo del Hi5 aterrará a cualquier padre que sepa que sus retoños consumen horas y horas de Internet después del colegio o la universidad. Los miembros de las APAFA de todo el país tomarán cartas en el asunto. Una histeria colectiva atrapará a los frustrados adolescentes -y chiquiviejos- que, prohibidos de subir sus fotos personales a la tribuna virtual más pública del país, recurrirán a extrañas maneras de comportamiento con tal de rellenar sus vacías existencias: como leer un libro, por ejemplo.

Y aquí un tercer, y último por ahora, elemento distractor aparece: el miedo.

No lo olvide.-No hay que forzar una cortina de humo. Hay que dejar que respire y que tome vuelo propio, el público hará el resto. Como todo padre, hay que tener plena conciencia de que algún día nuestra creación empezará a caminar sola y entonces habremos perdido a la niña de nuestros ojos. Y así como un día apareció por una necesidad, un día sin saber mucho el cómo y el por qué, desaparecerá para siempre en los archivos de dichosas épocas pasadas, tan fecundas para distorsionar la verdad. Hablamos de un par de semanitas a tras, nomás.