Monthly Archives: Octubre 2009

El extraño caso de la sanción a Turbo Mix en Cajamarca

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Para los cajamarquinos es sabido que el medio en referencia no se caracteriza precisamente por su respeto a las normas de la dignidad ciudadana y del periodismo en sí. Pero el caso, tal como se plantea, genera confusiones por lo enrarecido de sus alcances jurídicos, por decirlo de algún modo.

A Turbo Mix se le multa por haber incumplido con el horario de protección familiar y su código de ética. Hasta ahí perfecto. Pero analicemos, 1.- Bajo esa concepción no existiría ningún canal de Lima, y probablemente una buena parte de los de provincia. ¿Horario de protección al menor? ¿Han visto televisión peruana últimamente? 2.- Por no cumplir con su mismo “código de ética”. Todo lo anterior es aplicable a este punto. ¿Códigos de ética en el caso de los Petroaudios, por ejemplo? Ustedes digan.

Aquí también interviene la dicotomía del héroe impresentable. O sea, un medio puede terminar convirtiéndose en el abanderado de la Libertad de Prensa gracias a una denuncia que en el fondo puede tener cierto sustento; pero que, sin embargo, por ser presentada por una autoridad termina desestimada y reconocida como opresión o censura. No por nada el principal demandante es el Alcalde de Cajamarca: el “plato de fondo” de algunos programas de Turbo Mix.

Pero entonces si debieron sancionar a Turbo Mix debió ser cuando el Alcalde puso una demandó por difamación, y no por no cumplir con una falacia tan peruana como lo del horario de protección al menos que aquí nadie respeta, y lo que terminaría prestándose a muchas suspicacias.

Todo un embrollo.

Asi informa El Comercio:

“El Ministerio de Transportes y Comunicaciones impuso al propietario de radio Turbo Mix una multa de S/.7.100 por violar el horario de protección familiar y su propio código de ética . La sanción se impuso tras la denuncia interpuesta por el alcalde provincial de Cajamarca, Marco La Torre Sánchez.

El burgomaestre presentó su denuncia ante el ministerio, pues en la radio se emitían palabras soeces contra él. Tras recibir la denuncia, la Dirección General de Control y Supervisión de Comunicaciones pidió la opinión no vinculante del Consejo Consultivo de Radio y Televisión, Concortv, de acuerdo con la Ley de Radio y Televisión.

Según la Resolución Directoral 711-2009-MTC, el medio de comunicación emitía de manera reiterada ofensas e insultos dentro del horario de protección al menor.

Wilfredo Huaripata Aguilar, propietario de la empresa, dijo que había pagado de inmediato la multa, por lo que esta se redujo a S/.4.100. Acotó que la denuncia del alcalde provincial de Cajamarca contra su medio era un acto de “amedrentamiento”.

CLAVE
Esta es la primera vez en que un medio del país ha sido sancionado por incumplir el horario de protección familiar y su código de ética debido a la queja de un ciudadano y a la negativa del medio por autorregularse.

¿Quién ha OSADO sabotear a la minera Yanacocha?

Una “indignada” Yanacocha demandó una exhaustiva investigación…

(Vía Panorama Cajamarquino):

La empresa Yanacocha informó ayer el hallazgo de una pequeña cantidad de mercurio metálico en un tramo del canal Quishuar, cercano al punto de descarga de agua que la minera tiene en la zona, descartando que sea producto de sus operaciones, “lo cual puede corroborarse técnicamente”.

Mediante comunicado de prensa, aseguró que esta acción “no ha generado un impacto de consideración en la calidad del agua del canal Quishuar, considerando la mínima cantidad de mercurio encontrada y el alto volumen de agua que corre por el citado canal”.

Precisó que “el mercurio que se origina en nuestras operaciones, como subproducto en el proceso de obtención de oro, tiene características que hacen posible su identificación, una especie de ‘huella digital’ que permite identificarlo a través de un confiable procedimiento técnico”.

Según la empresa minera, “este hallazgo se produce en circunstancias que resultan sospechosas.

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“Chau, chau, clima industrial…y humanidad”

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La humanidad se extingue. Y no hay nada que hacer. No nos digan que es una exageración de ambientalistas o sociólogos.

La maquinaria ya no da para más; simplemente está dejando de girar sus enormes engranajes.

Como lo diría Fernando Silva Santistevan, y lo reseñara el polígrafo Marco Aurelio Denegri, la desaparición de la raza humana (o del planeta) pasará absolutamente desapercibida para el universo. Los humanos nos hemos tomado demasiada importancia, creyéndonos el grado superior de “la creación”, relegando a un segundo plano todo lo que nos sepa o suene a naturaleza, por lo tanto, todo lo que fue nuestro hábitat original.

Somos la única especie que destruye voluntariamente el medio donde vive, y que, aún sabiéndolo, no hace nada para remediarlo. En dos siglos hemos llevado al clima a uno de sus puntos más críticos. Estamos en la era del asfixiamiento progresivo. Hemos alterado el calor mundial, apresurado –o generado- el deshielo de los polos, cambiado la temperatura y densidad de las corrientes marinas, anulado miles de ecosistemas, exterminado miles de especies y contaminado el aire, no sólo con monóxido de carbono sino también,con innumerables hondas electromagnéticas, etc., y etc.

La discusión se ha centrado últimamente, en los pasillos de la ciencia, en comprender si la raza humana es realmente razonable. Si la calidad de ser “intelectual” podrá mantenerse más allá del nuevo siglo. Los optimistas ven un futuro parecido al de “La Odisea 2001” de Kubrick, lleno de extraños artefactos caseros que nos harían la vida más sencilla, con viajes interplanetarios, con módulos de bio-crianza, con sistemas ciudadanos y judiciales infalibles, con promedios de vida impresionantes, con curas para todos los males, con un desarrollo tal, que será casi una ofensa haber vivido en el pasado.

Los otros, los pesimistas, (u optimistas bien informados) ven con más claridad la agonía de este planeta. No quieren ser alarmistas, pero saben que los cambios más dramáticos han de ser registrados por nuestros propios ojos y no, necesariamente, por los de nuestros nietos. Saben que el ritmo de desgaste de la tierra se ha acelerado en forma incalculable por la contaminación. Saben que a este paso las ballenas azules y los gorilas de montaña pasaran a formar parte de la fauna plástica de los museos. Saben que, por el deshielo de los polos, desaparecerán las costas y sus habitantes bajo miles de toneladas de agua salada. Saben que los virus se harán más resistentes y que los recursos naturales no podrán abastecer a la población mundial que crece en formas desmedida. Saben que los tratados para proteger el medio ambiente no servirán de mucho porque no son -ni serán- firmados por las grandes potencias, que son precisamente las que más contaminan.

La raza humana está en decadencia. Sus sistemas hacen agua por todos lados. Su nicho social está colapsando. Su núcleo principal, la familia, ya no constituye una base sólida para el desarrollo personal. Los chips lo dominan todo, incluso las armas que un día podrán destruirnos, si es que antes no lo hace el calentamiento global, también producto del hombre moderno.

Y sin embargo, cualquier punto de vista que comulgue con la idea, la del asfixiamiento lento, será tildado de extremista, o de escándalo ambientalista, boicoteador del progreso industrial.

Sea como fuere, al final dependerá de cada uno saber qué pudo hacer para salvar un pedazo de este planeta en donde vivió.

¿Es nuestra sociedad un organismo sano?

¿Las tribus que necesitan llegar a toda costa a un supuesto lugar seguro pueden detenerse a indagar sobre la patología de la normalidad? ¿Pueden encontrar un tiempo libre de necesidades y obligaciones para cuestionar si lo que encumbran como “orden” o “políticamente correcto” es su probable destrucción? ¿O puede un modelo social y económico investigar y modificar -para bien- las influencias de sus dogmas sobre la salud mental de sus seguidores?

Quien ha tenido la mejor puntería para responder -de forma sensata- a las interrogantes anteriores, y a pesar de las décadas, ha sido el psicoanalista alemán Erich Fromm, a través de sus innumerables estudios; entre ellos, el libro: “Psicoanálisis de la sociedad contemporánea” (*), en donde desmenuza cual autopsia pública la neurosis del hombre moderno sometido a los sistemas enajenantes del nuevo siglo, como lo eran en la década de los cincuenta, y por igual, el capitalismo y comunismo. ¿Estamos seguros de que no nos engañamos a nosotros mismos?

El estudio de Fromm va más allá de lo socio-político, trascendiendo al psicoanálisis freudiano, claro, y más bien, rebatiendo muchos de los postulado “sagrados” de Freud con argumentos prometedores e interesantes, abriendo así las puertas a la libre interpretación del fin de la razón humana como tal, desligándose de los populares y arraigados “prejuicios” pre y post-natales. ¿El hombre sufre por agentes externos o por ser hombre? ¿La condición del hombre libre y sano no es de por sí insostenible en las sociedades ferozmente productivas? Erich dice con autoridad: “Se supone ingenuamente que el hecho de que la mayoría de la gente comparte ciertas ideas y sentimientos demuestra la validez de esas ideas y sentimientos. Nada más lejos de la verdad. La validación consensual, como tal, no tiene nada que ver con la razón ni con la salud mental. (…) y el hecho de que millones de personas padezcan las mismas formas de patología mental no hace de esas personas gentes equilibradas.”

Mientras se lee a Fromm se lee actualidad. Lo que dice es tan contemporáneo como escribir sobre el genoma humano en un diario virtual, o como la performance de un inteligente humorista norteamericano, claro, y tomando en cuenta que lo que propuso lo hizo hace más de cincuenta años, incluso antes del impacto social que representaría la década de los hippies. Fromm hace filosofía para avanzados. Intuye el insano porvenir de las culturas altamente industrializadas. Advierte la neurosis de los que no puedan adaptarse a un medio enajenante. Especula y apuesta como los duros del póquer sobre el obvio porvenir de las disfunciones del consumismo y las libertades mal entendidas: “Hoy nos encontramos con personas que obran y sienten como si fueran autómatas; que no experimentan nunca nada que sea verdaderamente suyo; que se sienten a sí mismas totalmente tal como creen que se las considera; cuya sonrisa artificial ha reemplazado a la verdadera risa; cuya charla insignificante ha sustituido al lenguaje comunicativo; cuya sorda desesperanza ha tomado el lugar del dolor auténtico.” (…) “Absorbemos las películas, los reportajes de crímenes, los licores, las diversiones.”

Criticó, desde ambos lados del ovillo, las facciones mesiánicas convertidas en ideales religiosos: “El cristianismo predicó la renovación espiritual, olvidando los cambios del orden social sin los cuales la renovación espiritual no puede ser efectiva para la mayoría de las gentes.” (…) “El socialismo, y en particular el marxismo, insistió en la necesidad de cambios sociales y económicos, y olvidó la necesidad del cambio interior de los seres humanos, sin el cual los cambios económicos no pueden llevar nunca a la “sociedad buena” .

Pero, por encima ello el autor ensaya reales esperanzas en un socialismo humanista que no olvide al hombre como fin y medio de todo avance positivo: “El hombre se encuentra hoy ante la más fundamental de las decisiones: no tiene que decidir entre capitalismo y comunismo, sino entre “robotismo” (en sus variedades capitalista y comunista) y socialismo humanista comunitario.”

Socialismo que no llegó a ver en vida, y que creo –como van las cosas- está muy lejos de materializarse como opción real para las próximas décadas; dejando como sentencia una proyección evidente: “La mayoría de los hechos parece indicar que (el hombre) se inclina por el “robotismo”, y eso significa, a la larga, locura y destrucción; pero todos esos hechos no son bastante fuertes para destruir la fe en la razón,…”

Y como la interpretación es el juego más sensual del cerebro, y estando en Latinoamérica, por qué no echarle un vistazo a nuestra realidad.
¿Seremos los peruanos hombres plenos, llenos de optimismo y fuerzas para cambiar las bases de nuestra condicionada realidad?
La respuesta parece interpretarse de una reciente encuesta del Instituto de Opinión Pública de la PUCP (**), en donde, a la pregunta:
En líneas generales, ¿diría Ud. que los peruanos son… (felices)?
Hombres y mujeres, mayores de 18 años, de catorce provincias urbanas en 13 regiones del país, respondieron:

Muy felices / Bastante felices: 17 %
Poco felices / Nada felices: 80 %
No precosa: 3 %

Y es que en este extraño país que –enroscándose a sí mismo- aún busca su identidad, la viabilidad del “ser” no se evidencia en términos de capitalismos o comunismos, de derechas o izquierdas, sino, en salud mental. Un peruano difícilmente podrá cambiar para adaptarse a sí mismo si antes tiene que adaptarse a un sistema que le es ajeno, ofensivo, indiferente y sobre todo injusto, y al que, sin embargo, debe entregarse cada mañana para sobrevivir y llevar un pan a la mesa.

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(*) Erich Fromm. “Psicoanálisis de la sociedad contemporánea”.

Fondo de Cultura Económica, México. 1956

(**) Pontificia Universidad Católica del Perú

César Vallejo conoció al Priorato de Sion

Es una teoría descabellada, pero sugerente cuando se recurre a la historia y a las anécdotas. César Vallejo nace en 1892 y muere en 1938. Buena parte de su vida la lleva en el París intelectual de los años 30. Jean Cocteau, a quien diversos “especialistas” consideran como uno de los más notables Gran Maestre del Priorato de Sión, desde el año 1918, nace 1889, y muere en 1963. Dentro de la vida cultural, estrecha y agitada de aquel París, es difícil creer que al menos no oyeron hablar el uno del otro. Jean Cocteau escribe en 1922 su libro Le Secret Profesionnal”; Vallejo escribe en 1929 Contra el secreto profesional”, según algunos, una refutación a la obra de Cocteau, quien por entonces ya ejercía, según la leyenda neo-urbana, como Gran Maestre de la logia. Las preguntas más inmediatas y sugerentes son: ¿Recibió Vallejo alguna invitación para formar parte de dicho Priorato?, o, por el contrario… ¿Hubo algún roce con la abierta naturaleza izquierdista del escritor peruano, ya que los socialistas consideraban a esas logias como enajenantes y liberales pérdidas de tiempo de la clase burguesa?

Los congresistas sí representan al Pueblo

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  (Por Alan Ele)   El candidato X es una extensión alegórica de los vicios de su pueblo. No por corrupto o huachafo, sino por deshonesto, o como dirían los argentinos, por careta.   La mayor destreza del candidato X es interpretar a sus electores, o sea a los electores peruanos. Tarea no muy difícil, por cierto. Lo que significa hacer de la campaña política un trámite en donde predomine la angurria verbal y el lugar común del apapache. Y la gente lo sabe, le gusta y lo celebra. Un pasito pa adelante, un zapateo torpe, y una vueltita sensual. ¡Que baile con la gorda! En resumen, perifoneo, volantes, unos regalitos (aunque sean cajitas de fósforos) y harta cumbia.   Al elector promedio le gusta sucumbir a la mejor “propuesta”…del museo de los espantos. Le gusta -por supuesto- la seducción del pavo real, aunque sepa que es un gallinazo mal disfrazado. Valora que el candidato se “ensucie” los zapatos aunque sea de mentiritas. Ama que baile con las tías de la Junta Vecinal y que pruebe un cevichito de a sol sin hacer gesto. Disfruta que levante a los bebés en brazos y apadrine a los trillizos de esa familia sin recursos. Se encandila cuando es reconocido como un familiar: “Tú eres mi hermano. Y yo lo hago por mis pobres”. Se entusiasma con alguna bolsita de azúcar. Se emociona cuando oye la retórica barata de un impulsador de ventas: “Usted puede. Abra su corazón”. Se ilusiona con los slogans o con el discurso más pragmático: “Chamba para todos ustedes, si me apoyan”. Enloquece si lo acompañan bailarinas que repartan calendarios. Etc.   Pero será todo lo contrario para el potencial candidato si la cosa se pone seria. Prohibido, entonces, hablar de política en forma profunda, solo generalidades. Nunca retomar el tema del debate izquierda – derecha, baste decir que se es de centro y que la camiseta no tiene color. Jamás serle sincero al elector, o sea nunca decirle que esto no tiene solución. Por ninguna razón decir que se prefiere la música clásica al Grupo 5. No negarse a nada. No hablar de marxismo. No llegar con las manos vacías. No dejar de prometer cada minuto y medio. No hablar -jamás, y es en serio- de sacrificio o  esfuerzo. No hablar de “largos plazos”. No hablar de legalizar el aborto y la eutanasia. No hablar en contra de la Iglesia. No revelar si se es agnóstico. No citar a filósofos. Nada de autocrítica. No hablar de América latina. No hablar de antiimperialismo. No bostezar. No llevar un libro bajo el brazo. Y sobre todo, no dejar de sonreír nunca. Bueno, máximo cuando se hable en serio sobre la inmortalidad del pejesapo.   Como dice el chiste de la lista del congreso: “Llamando a Lavapiés, Robaluz, Mataperros, Asistente Narco, Planchacamisa, Comepollo, Amante Asesora, Hijanegada, etc”.Y lo patético y divertido es que no es chiste. Es en serio y se va reproduciendo como gripe AH1N1 en su primera fase.   ¿Pero qué tan familiar nos resulta la culpa?   La culpa nos es muy remota para el promedio. “Me engañó”, se dice. “Mire cómo nos salió. Nos resultó una joyita”, resuelve el elector. Y no puede reconocer que es parte básica de ese engaño, porque simplemente le gusta dejarse engañar. Porque le encanta la insoportable levedad del ser. Porque al igual que el candidato timador, ese ciudadano elector tampoco está preparado. Lo que lo hace recurrir a su instinto más peruano: la identificación con el vivazo; claro, cuando el vivazo lo adopta como su cómplice. Ya somos dos, se dice. “Él es de los míos. Sabe meter su floro. Y si ha llegado hasta donde está, aunque sea a la mala, por algo ha de ser. Y hay que reconocerlo. Quizá robe, pero sabe meterle al baile. Quizá sea corrupto, pero igual no tenemos la culpa. ¿Y quién no roba en este país? Además él nos hizo reír. Él parecía bueno cuando nos engañó, cuando nos contó ese chiste, cuando bailó con nosotros y nos trajo esos lapiceros de regalo”.

 

Resulta que SÍ se pelaron un equipo radioactivo de la Minera Yanacocha, en Cajamarca

La pregunta es para qué necesitan los que sustrajeron un aparato como este. Salvo para que lo comercien en el mercado negro extranjero. De lo contrario solo será una papá demasiado caliente que terminará abandonada en cualquier jardín o estacionamiento.
.
.
-Así informan algunos medios…

“Nadie se explica aún cuál fue el propósito del robo de una de las fuentes radioactivas que empleaba la minera Yanacocha. Y es que la madrugada del jueves un grupo de desconocidos ingresaron a su planta de Cajamarca y se llevaron un equipo de gammagrafía industrial, que puede ser altamente peligroso para las personas que lo manipulen.

Según Carlos Barreda, presidente del Instituto Peruano de Energía Nuclear (IPEN), se trata de un aparato que era alquilado por la minera para identificar fugas de líquidos o gases, y detectar fisuras en estructuras como tuberías. Su costo estimado asciende a unos diez mil dólares” (LaRepública.pe)

El aparato robado pertenece a la empresa Urteaga Servicios Generales E.I.R.L., que presta servicios como contratista a la minera Yanacocha. Según un comunicado enviado por la contratista, la sustracción del mencionado equipo se produjo la noche del miércoles 7 dentro de las instalaciones que esta tiene en el campamento de Yanacocha” (…)

El equipo de gammagrafía industrial es usado para examinar soldaduras, precisa el
comunicado. La manipulación indebida de la fuente radiactiva que contiene es poco probable, pues está protegida por un blindaje especial, informó el presidente del Instituto Peruano de Energía Nuclear (IPEN), Carlos Barreda Tamayo, en declaraciones a la agencia Andina.

Sin embargo, el especialista anotó que si el blindaje del equipo es destruido y hay personas que sufren la exposición directa del material radiactivo estas sufrirían serios daños y lesiones en los tejidos de la piel”.

Esperaremos con tranquilidad a ver qué sucede en los próximos días.

Alan “Daiman” y sus amigos bailan en Halloween

Quizá la música pudo ser más cool, pero está bueno…

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ANFIBIO ANTE DIOS

Sobre un primus se cocinó un país
como un caldo de cultivo a la intemperie
que se aferraba a su propio vientre para no nacer.
Y cuando todos eran buenos y limpios, sin alcohol industrial,
se desinfectaron de la peor forma,
con espejos.
Y las madres eran como velas enormes que se derretían
y los hijos como fantasmas enredados en el trigo
en medio de una trilla feroz
y los edificios, fibras musculares de dioses
muertos en enciclopedias ilustradas.
No ocurrió en ningún lugar
pero ocurrió en todos los Perú,
en cualquier mitin de vértebras esperanzadas.
Y Dios es peruano como el fútbol, pero el diablo también…
Entonces las costumbres cohabitaron con las necesidades
y la inteligencia con los caninos hincados
en la voluptuosa res del poder.
No hay delito más sagrado que fecundar
el sentido común
día y noche, día y noche,
día y noche.
Y reinicia sus trasmisiones la pequeña radio en llamas
desde algún lugar inconforme del intestino, de la selva,
con frecuencia inalterada para todo el universo.
Bienvenidos
al teatro animal de la locura,
al rodeo de las culturas de la elegancia del fango
en vajilla dorada, de la prensa actual,
al circo romano
en el rodil de las ternuras humanas por la sangre,
al siniestro evento de la corbata
devorándose a la corbata.
Y agárrense que les cae el fruto del árbol
por el lóbulo izquierdo,
y las plagas virtuales
por cualquier agujero evolutivo del corazón.
Y si se cocinó a fuego lento la identidad,
nuestra alma se hizo a un solo hervor
que tierno cayó
como un rayo terrible al barro.
Y de ese primus a la intemperie de rabias intactas
emergió una nación
que prefirió las estadísticas cínicas y anfibias
de su propia segregación
a la belleza de un rayo de sol
entrecortándose entre las alas de un breve quinde.

(del siempre poemario inédito, Criador de Pilotos)